La Lorenza es de nuestros sitios favoritos. Siempre que vamos han añadido algo a la carta. El dueño es rocoso y no regala sonrisas. El sumiller muy fresco y simpático. Aquí no te van a explicar la vida con pinzas de laboratorio ni a venderte humo; el local es de esos donde te sientes a gusto desde que entras y el servicio sabe perfectamente lo que hace. Es un sitio de verdad, con una carta de vinos con los pies en el suelo y una filosofía clara: producto mimado y cocina casera sin aspavientos.
La comida es un espectáculo porque sabe a lo que tiene que saber. La tortilla de Betanzos es pura crema y las gyozas de pulpo son realmente gustosas. Platos con mucho fondo y mucho «chup-chup» que demuestran que aquí se cocina con ganas y sin miedo al sabor potente.
Para rematar la faena, repetimos las albóndigas de chuleta. La tarta de gorgonzola está de llorar también. En resumen, en La Lorenza no hay trampa ni cartón, solo cocina honesta y con mucho oficio. Es esa casa seria a la que siempre quieres volver porque sabes que, pidas lo que pidas, vas a salir con una sonrisa de oreja a oreja.