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realidad

Cafetería cuqui de barrio en La Chopera

Aquí tienes el texto adaptado considerando que Ros es hombre:

María y Ros son vasca y catalán, se vinieron de Barcelona y montaron en Chopera lo que querían que fuera su cafetería de barrio. Ninguno de los dos es cocinero, y eso se nota en lo bueno y en lo limitado: la carta es sencilla, pensada desde el gusto y no desde la técnica, y el menú no aspira a complicarse más de lo necesario. Lo que sí tienen, y aquí está la sorpresa, es una cadena de producto excepcional para ser una cafetería: el café viene de Nomad, la fruta y la verdura del mercado de Osma (el mercado de abastecimiento del barrio de Arganzuela), los helados son de Töto y la repostería la firma Raquel. Proveedores con nombre propio, cada uno.

El plato estrella es el bikini —el sándwich mixto en pan de brioche— y tiene mérito real: en Madrid no existía la cultura del bikini, y ellos lo trajeron con criterio. El de pastrami es el más pedido. La carta se completa con bowls, huevos, tostadas y repostería de masa madre con sabores que no son los habituales: lavanda, arándanos, pistacho. El café de especialidad está bien trabajado. El problema es que el resultado es delicioso pero podría estar en cualquier barrio de cualquier ciudad europea con un perfil creativo: el mismo terrazzo, los mismos pots de diseño, la misma luz natural calculada. «Estilo Copenhague» lo llaman las reseñas, y ese es exactamente el diagnóstico.

La zona de Legazpi y Matadero lleva años siendo destino de fin de semana para madrileños de otras zonas, y Dot forma parte de ese circuito. Time Out, Neo2, European Coffee Trip y varias guías de café de especialidad han pasado por aquí, lo que ha convertido lo que empezó como cafetería de barrio en destino brunchero con demanda de fuera del código postal. Los fundadores tenían intención de comunidad y vecindad —y eso se nota en el trato y en los proveedores locales—, pero el formato estético ha atraído exactamente al tipo de público que su diseño convoca.

pide sí o sí

El Bikini

precio medio

10-20 €

hay que reservar

No, pero hay que hacer cola

PROPIEDAD

María y Ros dejaron Barcelona para montar su proyecto. Están detrás del concepto, del criterio y del local. No son chefs, pero saben exactamente lo que quieren. Proyecto personal sin inversores de fondo.
Proveedores nombrados con apellido: Nomad (café), mercado de Osma (fruta y verdura), Töto (helado), Raquel (repostería). Pocas cafeterías en Madrid tienen este nivel de trazabilidad del producto.
Terrazzo, plantas de diseño, luz cuidada. Estética «Copenhague» que lo mismo aparece en Malasaña que en Prenzlauer Berg. Bonito y coherente, pero sin identidad local propia ni historia acumulada en el espacio.
La zona de Matadero-Legazpi es destino de fin de semana para toda la ciudad. La cobertura en guías especializadas de café y food media ha atraído a un público de fuera del barrio. La intención fue vecinal, el resultado es mixto.

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